Economía
Los precios mayoristas subieron 3,4% en marzo y acumulan 6,1% en el año: qué significa para los costos en el Chaco y el NEA
El dato del INDEC marca la aceleración más fuerte desde septiembre e iguala a la inflación minorista, con un impacto que llega a los costos de producción y transporte en el interior del país.

El Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) registró una suba del 3,4% en marzo de 2026, según informó el INDEC el 16 de abril. El dato representa la aceleración más pronunciada desde septiembre del año pasado e iguala, por primera vez en varios meses, el ritmo de la inflación minorista. En el acumulado del primer trimestre, los precios mayoristas avanzan 6,1%, con una variación interanual del 27,9%.
El motor del índice fue el sector energético. El rubro petróleo crudo y gas registró un salto del 27,3% y explicó por sí solo más de la mitad del aumento general, con una incidencia de 2,02 puntos sobre el total de 3,38%. En segundo lugar se ubicaron los productos refinados del petróleo, con una suba del 6,6%. El fuerte incremento en los hidrocarburos responde al impacto del conflicto bélico con Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, que dispararon los precios de la energía a nivel global.
Energía y logística: la cadena que llega al interior
Para el Chaco y el NEA, el comportamiento mayorista de marzo tiene una traducción directa: los costos de transporte y logística, que ya representan una carga desproporcionada para las economías del interior respecto del centro del país, se encarecen cuando el precio de los combustibles tracciona el índice mayorista. Cada suba en refinados del petróleo se traslada a los fletes, y los fletes definen buena parte del precio final de los productos en góndola en las localidades alejadas de los grandes centros de distribución.
Dentro de los productos nacionales, los primarios lideraron las subas con un aumento del 7,8%, seguidos por los manufacturados con 2,3% y la energía eléctrica con 2,1%. El sector agropecuario fue el único que actuó como contrapeso, con una caída del 3,2% que moderó parcialmente el resultado general, una señal relevante para las economías agroindustriales del norte.
El NEA, entre las regiones con menor presión en alimentos
Los relevamientos semanales de precios en supermercados de alcance nacional mostraron que las menores variaciones correspondieron a las regiones NEA y Patagonia, con un aumento del 0,2%, mientras que Cuyo presentó la suba más alta del país con 0,5%. El dato ubica al NEA —donde se inserta el Chaco— entre las zonas con menor presión inflacionaria en alimentos dentro de la cadena de supermercados nacionales, aunque esa moderación en góndola no necesariamente se replica en los comercios de proximidad de las localidades del interior provincial.
El IPIM es considerado un indicador adelantado de lo que puede ocurrir con los precios al consumidor en los meses siguientes, dado que registra las variaciones en los costos antes de que lleguen al consumidor final. La aceleración de marzo abre interrogantes sobre la dinámica de la inflación minorista en abril, en particular en rubros vinculados a la energía y el transporte.
Economía
Paritarias 2026: los salarios de convenio cayeron hasta 12% en términos reales y Comercio —el gremio más extendido en el Chaco y Charata— acumula una baja del 6,7%
El Gobierno sostiene una pauta salarial por debajo del 2% mensual mientras la inflación ronda el 3%. Solo un puñado de gremios logró recomponer ingresos, entre ellos los Aceiteros, que incluyen trabajadores de plantas del oeste chaqueño.

Los salarios negociados en los principales convenios colectivos de trabajo perdieron poder adquisitivo en febrero frente a la inflación, con diferencias marcadas entre gremios. Según datos de la Secretaría de Trabajo, las remuneraciones acordadas en convenios de amplia cobertura acumularon desde noviembre de 2023 una caída real de siete puntos porcentuales, mientras que el salario promedio del empleo registrado logró superar ese mismo nivel de referencia por apenas tres puntos.
El dato golpea con fuerza en provincias del interior como el Chaco, donde la economía informal es alta y el empleo registrado se concentra en sectores que figuran entre los más perjudicados: comercio, construcción y gastronomía.
Comercio, el convenio que más pesa en el Chaco
El convenio de Comercio —el más extendido del país, con más de 1,2 millones de asalariados registrados— registró una caída real del 6,7% en febrero. En ciudades como Charata, donde el sector comercial es el principal empleador privado y la actividad de servicios domina la economía urbana, ese retroceso tiene impacto directo en el bolsillo de miles de familias.
La Secretaría de Trabajo destacó que, dada la amplísima cobertura del convenio de Comercio, su desempeño es determinante en la evolución del salario promedio nacional. Dicho de otro modo: cuando Comercio cae, el promedio cae con él.
Los más golpeados y la excepción aceitera
Los sectores con mayores retrocesos reales son la Construcción (-12,4%), Textiles (-12,3%), Indumentaria (-9,5%) y Gastronómicos (-9,5%). Todos ellos tienen presencia en el mercado laboral chaqueño, especialmente la construcción, que en el interior del país opera con alta informalidad y cuyos trabajadores registrados sintieron con fuerza el deterioro del convenio.
En el otro extremo, los Aceiteros fueron el sector con mayor recuperación real: sus salarios crecieron 12,7% por encima de la inflación. Se trata de un dato con resonancia particular en el Chaco, donde la industria aceitera de girasol —con plantas en el oeste provincial y exportaciones recientes a Europa— emplea a trabajadores bajo ese mismo convenio.
La pauta oficial y lo que viene
El Gobierno nacional sostiene una pauta salarial por debajo del 2% mensual, es decir, inferior al ritmo de la inflación, que en marzo cerró en 3,4% según el INDEC. La mayoría de los gremios se alinearon a esa pauta para facilitar la homologación de los acuerdos. El resultado, en términos reales, es una pérdida sistemática del poder adquisitivo para quienes cobran salario de convenio.
En el Chaco, donde la informalidad laboral supera el 50% según datos del INDEC, la situación es aún más compleja: quienes están fuera del sistema de convenios no tienen siquiera el piso mínimo que fijan las paritarias. La caída real de los salarios formales opera, en ese contexto, como techo para las expectativas de todo el mercado laboral provincial.
Economía
La guerra en Medio Oriente encareció el gasoil y los fertilizantes del agro: cuáles son las provincias más afectadas y por qué el NEA está en el grupo crítico
Un informe del IERAL identificó ganadores y perdedores del conflicto según la estructura productiva de cada provincia. Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe también aparecen en la lista de las más afectadas por el encarecimiento de insumos agrícolas.

La guerra en Medio Oriente dejó de ser una variable exclusivamente geopolítica para convertirse en un factor concreto de presión sobre los costos productivos en Argentina. El encarecimiento del petróleo a nivel global impactó de lleno en el gasoil, los fertilizantes y los fletes, y el efecto no fue igual para todas las provincias. Un análisis del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) trazó el mapa de ganadores y perdedores según la estructura productiva de cada región, y el Nordeste Argentino figura entre las zonas más vulnerables al aumento de los costos logísticos, en parte por la distancia a los puertos y en parte por la ausencia de transporte ferroviario.
El conflicto, que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán y tuvo como epicentro estratégico el Estrecho de Ormuz —por donde circulaba cerca del 20% del petróleo mundial—, generó destrucción de infraestructura, ataques a instalaciones y cierre de pozos de producción. Según Carlos Mendizábal, profesor del Instituto de Energía de la Universidad Austral, lo que comenzó como un shock logístico derivó en un shock de oferta con inercia propia, cuya recuperación no depende solo del cese del conflicto sino de factores técnicos, financieros y geopolíticos.
Cuánto subieron los precios y cuánto llegó a Argentina
El traslado de la suba internacional al mercado local fue significativo, aunque parcial. En el primer trimestre del año, el petróleo aumentó un 55% a nivel global, mientras que el gasoil en el mercado interno subió un 31%, una brecha de 24 puntos que refleja la intervención estatal para amortiguar el golpe. El gas natural trepó un 52% en Europa frente a un 27% en Argentina. La urea, fertilizante clave para maíz y trigo, registró un alza del 75% a nivel internacional contra un 54% en el mercado local.
Pese a esa diferencia, los aumentos locales son suficientemente altos como para comprimir los márgenes de rentabilidad de buena parte de la producción agropecuaria. El IERAL advirtió que el incremento del gasoil generó una suba de costos productivos que supera la dinámica de los principales cultivos, lo que reduce los márgenes en las provincias con mayor actividad agrícola.
Quiénes ganan y quiénes pierden
El informe establece una división clara. Las provincias que se benefician son las productoras de petróleo y gas, con Neuquén a la cabeza —tanto por volumen de producción como por ingresos en concepto de regalías—, seguida por Chubut, y en un tercer grupo Santa Cruz, Mendoza y Río Negro.
En el lado de los perjudicados, el análisis distingue tres canales de impacto. El primero es el de los insumos agrícolas: Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe concentran el mayor uso de gasoil en labores agrícolas y de urea en la producción de maíz y trigo, por lo que absorben el grueso del encarecimiento de insumos. El segundo canal es el del consumo de gas natural, donde también predominan Buenos Aires, la Ciudad Autónoma y Santa Fe, junto con La Pampa y la región patagónica.
El tercer canal es el logístico, y ahí aparece el NEA con particular exposición. Según el IERAL, el aumento del gasoil impacta con mayor intensidad en las regiones más alejadas de los puertos y sin acceso al transporte ferroviario, una descripción que se ajusta con precisión al Chaco y a las provincias del nordeste. La combinación de distancia portuaria y dependencia exclusiva del transporte automotor convierte a la región en una de las más vulnerables al encarecimiento del combustible, con un efecto que se propaga desde los fletes agrícolas hasta el transporte de alimentos y la distribución en el mercado interno.
El NEA: poca energía, mucha distancia
El informe también destaca que el NEA presenta niveles muy reducidos de consumo de gas natural, debido a la falta de conexión a las principales redes de gasoductos del país. Eso implica que la región no accede a los beneficios de un gas doméstico más barato que el internacional —una ventaja competitiva que sí tienen otras zonas del país—, pero sí carga con los costos de un gasoil más caro sin que sus ingresos productivos mejoren en la misma proporción.
Para las economías regionales del nordeste, que ya venían mostrando señales de deterioro en los indicadores de rentabilidad —con el algodón, la mandioca y la yerba mate en zona crítica según el semáforo de Coninagro—, el encarecimiento de los insumos de la guerra Medio Oriente suma una presión adicional sobre una estructura de costos que ya venía ajustada.
El escenario, según los especialistas consultados por el IERAL, no tiene perspectivas de revertirse en el corto plazo. En el sector energético descartan que los precios del combustible vuelvan a los niveles previos al conflicto, ya que para eso sería necesario que el petróleo internacional descendiera a cerca de 60 dólares por barril, un horizonte que hoy se percibe como improbable.
Economía
El consumo de carne vacuna cayó 10% en el primer trimestre de 2026 y tocó el nivel más bajo en 20 años: 47,3 kilos por habitante
La producción también se contrajo un 5,1% interanual. Mientras el mercado interno se retrae, las exportaciones crecieron 11,4% y la facturación al exterior superó los 618 millones de dólares en el primer bimestre.

El consumo de carne vacuna en Argentina arrancó 2026 con la peor performance en dos décadas. Según el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), entre enero y marzo los argentinos consumieron 512,8 mil toneladas, lo que representa una caída del 10% respecto al mismo trimestre del año anterior. El promedio de los últimos doce meses se ubicó en 47,3 kilos por habitante al año, el guarismo más bajo desde hace más de 20 años, cuando el consumo superaba los 60 kilos por persona.
La señal de alerta no es nueva, pero se profundiza. En un país que históricamente construyó parte de su identidad cultural alrededor del asado y la parrilla, la retracción sostenida del consumo de carne vacuna refleja un deterioro estructural del poder adquisitivo que golpea con fuerza en el interior del país, donde los salarios informales —especialmente en provincias como el Chaco, con una tasa de informalidad laboral que supera el 50%— quedan aún más expuestos a las subas de precios.
Los precios subieron casi el doble que la inflación
El principal motor de la caída es el precio. Durante marzo, el rubro de carnes y derivados registró un incremento mensual del 6,9%, según el Índice de Precios al Consumidor del INDEC, más del doble que la inflación general del mismo mes, que fue del 3,4%. En términos interanuales, la brecha es todavía más pronunciada: la carne acumuló una suba del 55,1%, frente al 32,6% del índice general.
En el área metropolitana, los datos del sector muestran una presión aún mayor: el precio promedio del kilo en mostrador trepó un 10,6% solo en marzo, con un valor promedio de 18.564 pesos. Entre los cortes con mayores alzas se destaca la carne picada común, con un salto mensual del 20,4%, y la carnaza común, con un 17,7%. El asado, corte emblemático, aumentó un 5,5% en el mismo período.
Desde Ciccra atribuyen esta dinámica a un proceso de recomposición de los precios del animal en pie que se inició a mediados de 2024, impulsado por una combinación de factores climáticos: la sequía prolongada entre 2022 y 2024, seguida por inundaciones durante 2025, forzó una liquidación anticipada de hacienda y redujo el stock de madres, dejando una oferta más ajustada en el presente.
La producción también cayó
La oferta tampoco acompañó. La producción de carne vacuna sumó 700.185 toneladas res con hueso en el primer trimestre, con una contracción interanual del 5,1%, equivalente a unas 37.500 toneladas menos en el mercado. La industria señala que la menor cantidad de animales enviados a faena fue compensada solo parcialmente por un incremento en el peso promedio de la hacienda, que en marzo alcanzó los 236 kilos por animal en gancho.
El combo de menor oferta y precios en alza configura un escenario de doble presión sobre el bolsillo del consumidor, especialmente en los sectores de menores ingresos, donde la carne vacuna compite cada vez más con alternativas más baratas como el pollo o el cerdo.
Las exportaciones crecen mientras el mercado interno se achica
Mientras el consumo interno se retrae, el sector exportador muestra un desempeño opuesto. En el primer trimestre de 2026 se estima que se enviaron al exterior 187,4 mil toneladas res con hueso, un crecimiento del 11,4% respecto al año anterior. Esta mayor demanda externa contribuye a la presión sobre la oferta disponible para el mercado local.
La facturación por exportaciones también se disparó: solo en el primer bimestre del año totalizó 618,67 millones de dólares, un 37,5% por encima del mismo período de 2025. La mejora se explica principalmente por la recuperación de los valores internacionales, con un precio promedio por tonelada que subió un 30,1% anual, alcanzando los 7.405 dólares.
China sigue siendo el principal destino, con el 53% del volumen total exportado en los primeros dos meses del año. Pero otros mercados mostraron crecimientos notables: Estados Unidos duplicó sus ingresos para la industria local con envíos que crecieron un 72,1% interanual, mientras que Israel y Alemania también registraron subas significativas en la facturación, impulsadas por la mejora en los precios unitarios.
El dilema entre exportar y abastecer el mercado interno
La tensión entre el desempeño exportador y la caída del consumo interno reactualiza un debate histórico en la economía argentina: el de la distribución de la renta ganadera entre el mercado externo y la mesa de los argentinos. Con precios internacionales en alza y un mercado interno en retracción, la lógica económica impulsa a los frigoríficos a priorizar la exportación, lo que a su vez presiona los precios locales hacia arriba.
Para las provincias del norte, donde la ganadería es una actividad estructural de la economía y al mismo tiempo el consumo de carne forma parte del patrón alimentario básico de las familias, esta dinámica tiene un impacto concreto y cotidiano: la carne se vuelve un bien de acceso restringido en los mismos territorios donde se produce.
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