Sociedad
Pan casero en horno de barro: el ritual chaqueño que se hereda de generación en generación
La grasa de vaca, la leña de quebracho y el truco del papel: los tres pilares de un pan que no se fabrica, se hereda.

Hablar del pan casero en Charata es meterse directo en el corazón de las tradiciones del Chaco. No es un pan cualquiera: es un ritual que une a la familia, que lleva tiempo, paciencia y un fuego bien prendido, y que inunda el patio con ese olor a leña y masa horneada que es imposible de olvidar. Un olor que todavía hoy, en muchos hogares del sudoeste chaqueño, marca los domingos y las tardes de lluvia.
El alma de este pan es el horno de barro. Esa estructura abovedada que se ve en tantos patios de Charata y del interior del Chaco, construida con tierra arcillosa, paja —el espartillo que crece en los campos de la región— y barro, mezclados y amasados hasta formar una pasta resistente al calor extremo. No hay dos hornos iguales: cada uno lleva la impronta de quien lo construyó, y muchos de los que todavía funcionan hoy fueron levantados hace décadas por las manos de los abuelos.
En guaraní, el horno de barro se conoce como pacuá, que puede traducirse como «hueco del diablo», una denominación que habla del respeto —y algo de temor— que las comunidades del norte argentino le tenían al fuego encerrado en esas paredes de arcilla. La tradición del horno de barro recorre todo el interior del país, pero en el NEA y en el Chaco en particular tiene un arraigo especial, donde la disponibilidad de maderas nativas de alta calidad calorífica convirtió a este método de cocción en parte inseparable de la vida rural.
La economía del Chaco siempre estuvo ligada al monte y sus recursos, y el horno de barro no es la excepción: su historia es también la historia de cómo las familias chaqueñas aprovecharon lo que el territorio les daba.
Los tres pilares del sabor
El pan casero de campo chaqueño se diferencia del pan industrial por tres elementos que no tienen reemplazo.
El primero es la grasa. A diferencia de las panaderías, el pan de campo lleva una buena cantidad de grasa de vaca —o de cerdo, según la casa— que le da a la miga una textura tierna, húmeda y con ese sabor profundo que ningún aceite vegetal logra imitar. Es un ingrediente que los dietistas modernos mirarían con desconfianza, pero que en el contexto de una jornada de trabajo rural tiene toda la lógica del mundo.
El segundo es la leña. No cualquier leña: en el Chaco, la preferida para calentar el horno es el quebracho blanco (Aspidosperma quebracho-blanco) y el algarrobo (Prosopis alba), dos maderas nativas del monte chaqueño que generan brasas densas, de larga duración y calor parejo. La brasa de quebracho puede mantener el calor retenido en las paredes del horno durante el tiempo justo de cocción, que suele rondar los 30 a 40 minutos para panes grandes y redondos. El algarrobo, además, aporta un sutil toque ahumado que en la miga del pan se convierte en una nota de sabor inimitable.
El tercero es el proceso de calentado. El horno se prende con el fuego adentro, y el punto exacto de temperatura se reconoce por un fenómeno visual preciso: las paredes interiores, que se habían puesto negras por el hollín, se vuelven blancas cuando el barro alcanzó el calor necesario. Ese cambio de color es la señal. A partir de ahí, se sacan todas las brasas y las cenizas con un rastrojo o una varilla larga, y el piso del horno se limpia con el «trapeador»: un palo con un trapo húmedo en la punta que barre los restos y acondiciona la superficie de cocción. El pan no ve fuego: se cocina exclusivamente con el calor retenido en las gruesas paredes de barro.
El truco de la abuela y el secreto de la pala
Antes de meter el pan, hay que asegurarse de que el horno no esté «arrebatado», es decir, demasiado caliente. Un horno arrebatado quema la corteza en minutos mientras deja el interior crudo, y no tiene arreglo. El truco de la abuela para chequearlo es simple y confiable: tirar un puñado de harina —o un trozo de papel de diario— al piso del horno. Si se quema al instante, hay que esperar. Si se tuesta despacio, tomando color dorado de manera gradual, el horno está en su punto. Algunos también usan la prueba del papel: si arde, no; si se oscurece lentamente como carbonizado, sí.
Los panes, generalmente redondos y de buen tamaño —capaces de alimentar a una mesa entera—, se cargan con una pala de madera larga y plana que permite deslizarlos hasta el fondo del horno sin quemarse. Una vez adentro, se sella la boca con una tapa de chapa o madera húmeda, y los bordes se barren con barro húmedo para que no escape calor. El horno queda cerrado y trabaja solo.
El resultado: una corteza que cruye y una miga que no se olvida
Treinta o cuarenta minutos después, el pan que sale de ese horno no tiene comparación posible con ningún pan de panadería. La corteza es firme y crujiente, con un color dorado oscuro y un leve toque ahumado que viene de las paredes impregnadas de años de cocción. La miga es suave, húmeda, con esa textura densa que pide ser cortada en rodajas gruesas y comida tibia, con unos buenos mates al lado.
Es un pan para comer con las manos, para compartir en la mesa grande, para mojar en el caldo o para llevar al campo envuelto en un trapo. Es el pan que muchas familias de Charata y del Departamento Chacabuco todavía hacen los fines de semana, cuando hay tiempo y leña y ganas de hacer algo con las manos.
En un mundo donde la velocidad se impuso en casi todo, el pan casero en horno de barro sigue siendo una forma de resistencia tranquila: la defensa de un sabor que no se puede industrializar, de un proceso que no admite atajos, y de una tradición que en el Chaco se hereda con el mismo cuidado con que se cuida el fuego.
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Sociedad
Charata homenajeó a las mamás con la charla “Amor de Madres” de Rodolfo Günther
La propuesta se enmarcó en el Mes Rosa y en el aniversario de la ciudad, y contó con sorteos y sorpresas.

Anoche el Municipio de Charata compartió una charla muy especial junto a Rodolfo Günther, instructor en desarrollo personal, en la propuesta Amor de Madres, pensada para homenajear a las mamás en la previa del Día de la Madre.
En el marco del Mes Rosa y del aniversario de Charata, se vivió un encuentro de motivación y reflexión, con herramientas para fortalecer el presente, mirar hacia adelante y reconocer todo lo que las madres hacen cada día por sus familias y sus hijos.
Un espacio para ellas
Desde la organización destacaron que se trató de una invitación a valorarse, recuperar fuerzas y seguir creciendo, porque las mamás también necesitan espacios para ellas, para sentirse escuchadas y renovar energías. La noche también tuvo sorteos y sorpresas para compartir un lindo momento entre todas.
Acompañaron el intendente Rubén Rach, el presidente del Concejo, Alejandro Barcala, y funcionarios municipales. Desde el Municipio agradecieron a todas las mamás que fueron parte del encuentro.
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Sociedad
Cómo está el clima en Charata este viernes 16 de octubre
Se espera una máxima de 25,2°C, una mínima de 14,2°C y apenas un 5% de probabilidad de lluvias.

El clima en Charata hoy, viernes 16 de octubre, muestra una jornada parcialmente soleada, con 14,1°C en este momento. Se espera una temperatura máxima de 25,2°C y una mínima de 14,2°C, con apenas un 5% de probabilidad de lluvias.
Un sábado más fresco y un domingo estable
El pronóstico anticipa un descenso marcado para el sábado 17, con una máxima de 18,1°C, una mínima de 10,6°C y un 20% de probabilidad de lluvias, la jornada más fría del período. El domingo 18 las temperaturas se recuperarán, con una máxima de 23°C y solo un 10% de chance de precipitaciones.
Calor intenso desde el miércoles
La semana próxima comenzará con una máxima de 23,7°C el lunes 19, y a partir del martes 20 las temperaturas subirán de forma sostenida: 27,9°C ese día, y 33°C tanto el miércoles 21 como el jueves 22, con una mínima de 21,1°C, siempre con baja probabilidad de lluvias.
Ante este fuerte contraste de temperaturas, se recomienda a los vecinos de Charata abrigarse a primera hora y estar atentos a la evolución del pronóstico para el fin de semana.
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Sociedad
Dos jugadores de Coronel Du Graty y Fontana ganaron casi $89 millones en la Poceada
El pozo de 5 aciertos, de más de $177 millones, se repartió en partes iguales entre dos apostadores.

La Poceada Chaqueña tuvo dos nuevos ganadores en el Sorteo N° 2370, realizado el 15 de octubre. Se trata de jugadores de Coronel Du Graty y Fontana, que acertaron los cinco números y se llevaron $88.978.299,84 cada uno.
El Pozo de 5 Aciertos, de $177.956.599,68, se repartió en partes iguales entre los dos ganadores. Los números sorteados fueron 02, 07, 19, 20, 26, 59, 62, 69, 76 y 79.
Otros premios del mismo sorteo
El Pozo de 4 Aciertos distribuyó $28.366.825,50 entre 77 ganadores, con un importe individual de $368.400,33 cada uno. El Pozo de 3 Aciertos, por su parte, sumó $7.091.706,38 repartidos entre 1.557 acertantes, con un premio de $4.554,72 para cada uno, mientras que el Pozo de 2 Aciertos alcanzó a 15.808 jugadores, que recibieron $1.500 cada uno.
Desde la Lotería Chaqueña recordaron que el juego compulsivo es perjudicial para la salud y produce adicción, en el marco de lo establecido por la Ley N° 1.647-C.
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