Sociedad
El municipio de Charata realizó un curso gratuito de manipulación de alimentos para que vecinos accedan al carnet de sanidad
La propuesta, abierta a toda la comunidad, se desarrolló en la Biblioteca Pública Nacional Juan Martín de Pueyrredón y forma parte de la agenda de formación impulsada por el municipio.

El municipio de Charata llevó adelante este martes un curso gratuito de manipulación de alimentos en la Biblioteca Pública Nacional Juan Martín de Pueyrredón, con convocatoria abierta a toda la comunidad. La propuesta apuntó a que los participantes incorporen herramientas clave para el cuidado de la salud y avancen en la obtención del carnet de sanidad, requisito indispensable para trabajar en la elaboración, preparación o comercialización de alimentos.
Desde el municipio destacaron la respuesta de los vecinos, que se sumaron «con gran compromiso y ganas de aprender», y subrayaron que el espacio forma parte de una política de formación continua: «Seguimos generando espacios de formación que impulsan el trabajo y el crecimiento de nuestra comunidad.»
Qué es la manipulación de alimentos y por qué importa el carnet
La manipulación de alimentos comprende todas las acciones que implican el contacto directo con los alimentos durante su producción, preparación, almacenamiento, transporte o servicio. Un manipulador de alimentos puede ser el cocinero de un restaurante, el empleado de una panadería, el vendedor de un puesto gastronómico o cualquier trabajador que intervenga en la cadena alimentaria.
La capacitación en esta área cubre principios básicos de higiene personal, condiciones de conservación según temperatura, prevención de la contaminación cruzada entre alimentos crudos y cocidos, y correcta manipulación de utensilios y superficies. El objetivo es reducir el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos, que representan una de las principales causas de consulta médica en el país.
El carnet de sanidad o carnet de manipulador de alimentos es el documento que certifica que la persona completó la capacitación y está habilitada para trabajar en actividades vinculadas a la alimentación. En la mayoría de los municipios del Chaco, su obtención es un requisito exigible para habilitar comercios gastronómicos, puestos de venta de comida y emprendimientos del rubro.
Una agenda de formación activa en Charata
Esta iniciativa se suma a otras acciones de capacitación que el municipio de Charata viene impulsando en los últimos meses. Como informó CharataChaco.net en la nota sobre la reunión del intendente Rubén Rach con el titular del Instituto del Deporte Chaqueño, el municipio viene articulando con organismos provinciales para generar oportunidades de desarrollo en distintas áreas de la comunidad.
Sociedad
El nido vacío y las alas del futuro: cuando los hijos dejan el pueblo
Una reflexión sobre el desarraigo, los miedos de los padres y la certeza invisible que sostiene a quienes confían en cómo criaron a sus hijos.

Por Prof. Ángeles Silva – Llega un día en que el living de la casa se llena de cajas de cartón, cintas de embalar y valijas que parecen demasiado chicas para guardar una vida entera. El pueblo, con su ritmo pausado, sus siestas silenciosas y la tranquilidad de saber exactamente dónde está cada uno de los seres queridos, empieza a quedar chico para sus sueños. Y entonces, a las madres, les toca enfrentar uno de los desafíos más desgarradores y maravillosos de la crianza: verlos partir a la gran ciudad.
La mudanza es mucho más que un sacrificio físico; es un peso que se lleva en el alma. Es cargar el auto o armar un bolso pensando en qué van a necesitar en ese departamento. En ese trajín, los miedos de los padres se vuelven gigantes. Los asalta la incertidumbre de la distancia: ¿Comerá bien? ¿Sabrá manejarse de noche? ¿Qué pasa si se enferma y no estoy ahí para prepararle un té? La ciudad asusta con su inmensidad y su ritmo vertiginoso, tan distinto a nuestras calles conocidas.
La certeza invisible que sostiene
Sin embargo, en medio de ese nudo en la garganta que acompaña durante los primeros días de silencio en la casa, emerge con fuerza la esperanza. A ellas las sostiene una certeza invisible pero poderosa: el confiar ciegamente en cómo los criaron. Es el momento de soltar amarras y recordar que los valores del hogar —el respeto, el valor del esfuerzo y la honestidad inculcados día a día— son la brújula que los va a guiar en el asfalto.
Viendo sus piezas vacías, entienden el verdadero sentido de este desarraigo. Todo este enorme esfuerzo, el extrañar los mates compartidos y el vacío del hogar, tiene una razón de ser: tratar de alivianarle el futuro. Quieren para ellos las oportunidades que, como padres, quizás no tuvieron; abrirles puertas que en sus tiempos estaban cerradas y darles las herramientas académicas y profesionales para que puedan defenderse en un mundo cada vez más complejo.
Raíces para volver, alas para volar
El interior argentino conoce bien esta historia. La repite en cada generación, en cada familia que manda a un hijo a la universidad, a buscar trabajo o simplemente a probar suerte donde las posibilidades son más amplias. No es abandono ni derrota: es la apuesta más valiente que puede hacer una familia del pueblo.
Dejar ir es la mayor prueba de amor. Aunque el pueblo se quede un poco más vacío y la mesa familiar más chica, reconforta saber que les dieron raíces fuertes para volver siempre, pero, sobre todo, alas gigantes para volar bien alto.
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Sociedad
Charata celebra Corpus Christi este domingo con procesión por las calles y Noche de Gloria el martes
La concentración es a las 8:40 en la Capilla San Alfonso del barrio San Martín, con salida por calle Liniers. En caso de lluvia, todas las actividades se realizan en la parroquia.

La Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Charata convoca a los fieles a dos celebraciones litúrgicas esta semana: la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo —Corpus Christi— este domingo 7 de junio, con procesión por las calles de la ciudad, y la Noche de Gloria el martes 9 en la Capilla San Antonio.
Para la celebración del domingo, la misa de 8 horas en la parroquia queda suspendida. La actividad comenzará a las 8:40 con la concentración en la Capilla San Alfonso, en el barrio San Martín, desde donde la procesión saldrá por calle Liniers a las 9. El recorrido contempla cinco estaciones: la primera en Liniers y Pasaje Soldado Argentino —con el rito de Confirmación—; la segunda en Caseros y Liniers —Liturgia—; la tercera en Liniers y Blas Parera —para adultos—; la cuarta en López y Planes, frente al corralón San Javive —Bautismo—; y la quinta en calle Chacabuco 546, en la Capilla Corazón de María, con la celebración de CAFA. La Santa Misa se realizará en sede a las 10. Los niños están invitados a participar con porras, banderines o globos blancos y amarillos.
En caso de mal tiempo, todas las actividades se trasladarán a la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
Noche de Gloria el martes 9 en la Capilla San Antonio
El martes 9 de junio, inmediatamente después de la Santa Misa de las 20 horas, la comunidad parroquial celebrará la Noche de Gloria en la Capilla San Antonio. El encuentro es un espacio de adoración al Santísimo Sacramento, alabanza y oración comunitaria, abierto a todos los fieles, familias y movimientos pastorales.
Desde la parroquia lo describieron como «un espacio de profunda intimidad, alabanza y adoración al Misterio de nuestra fe», con momentos de adoración eucarística, renovación del compromiso bautismal y súplica por las necesidades de la comunidad y la Iglesia. La convocatoria está enmarcada en el versículo del Salmo 130: «En Él hay abundante Redención».
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Sociedad
Ricardo Rey se despidió del Hospital de Charata: una vida entera dedicada a la salud pública
El enfermero y ex director del Hospital Enrique V. de Llamas cerró su ciclo institucional con una entrevista en profundidad con CharataChaco.Net, donde repasó cuatro décadas de vocación, sacrificio y amor por Charata.

El Hospital Enrique V. de Llamas de Charata despidió ayer a uno de sus integrantes más queridos. Ricardo Rey, conocido en la ciudad como «el Negrito», llegó a su último día de labor institucional y cerró un ciclo de décadas al servicio de la salud pública de la ciudad. Sus compañeros lo despidieron con palabras que resumen lo que fue su paso por la institución: «Toda tu familia del Hospital te agradece por lo que diste. ¡Feliz jubilación, Ricardo Rey!».
En una entrevista profunda y personalizada con CharataChaco.Net, Rey repasó una historia de vida que arranca en Charata, transita por Tucumán, vuelve a la ciudad y termina siendo, sin haberlo planeado, la historia de un hombre que condujo el hospital en los momentos más difíciles que le tocaron a la salud pública local.
Un charatense que fue a Tucumán a estudiar medicina por su padre
Todo comenzó con una razón familiar. Rey se fue a Tucumán a estudiar medicina para poder entender el diagnóstico que le habían dado a su padre. Pero la vida lo fue llevando por otros caminos: su madre comenzó a necesitar cuidados por un cuadro que resultó ser Alzheimer —enfermedad que por entonces era prácticamente desconocida en el interior del país— y Rey orientó su mirada hacia los enfermos terminales, los que hoy se llaman paliativos. «Me enamoré de la profesión», recordó.
Hizo cinco años de terapia intensiva en Tucumán, en el Sanatorio Güemes, donde entró a trabajar apenas tres días después de rendir su última materia, el 19 de diciembre de 1990. Cuando su madre necesitó su presencia, volvió a Charata. El doctor Cheba le tendió la mano para ingresar al hospital local, y ahí, dijo Rey, «empezó mi carrera artística en salud».
Director sin haberlo buscado, en los momentos más difíciles
Lo que vino después superó cualquier expectativa que Rey pudiera haber tenido cuando llegó a Charata. Fue codirector junto a la doctora Oliva, luego director en solitario y más adelante codirector de Emilia. Nunca lo buscó. Cuando lo llamaron de Resistencia para ofrecerle la dirección, le dijo a su esposa que no se animaba. Fue ella quien lo empujó: «¿Cómo que no? Hemos hecho muchas cosas y no teníamos nada. ¿Cómo no vas a poder enfrentarte?».
Desde ese lugar le tocó atravesar algunos de los episodios más duros que vivió el sistema sanitario de Charata. Un accidente masivo en la esquina de Urquiza y Güemes, una noche de lluvia, con jóvenes de distintas localidades tirados en la calle y la sala de partos convertida en improvisada sala de emergencias porque ya no había dónde atender a los heridos. El dengue, cuando el director titular se ausentó y Rey quedó a cargo, con camionetas de medios esperándolo en la puerta del hospital mientras él llegaba en moto. Y el COVID, cuando su esposa, internada en casa por la pandemia, vivió cuatro años más de los cuatro meses que los médicos le habían pronosticado gracias a los cuidados que él mismo le brindó.
«Nunca me la creí», dijo sobre su paso por la dirección. «Nunca fui a chapear a ningún lado. No, siempre esperé. Hacé, hacé, después de que hacés. Pero nunca quise pasar por delante de nadie».
Una vida construida sobre la pérdida y el amor
Rey habló con una honestidad descarnada sobre las marcas que dejaron los años. La muerte de su esposa, los hijos que crecieron y se fueron —uno a Misiones, otro camino a Buenos Aires después de años en Tucumán, una hija maestra instalada en Pinedo—, y la llegada de su nieta Esmeralda, que irrumpió en medio del duelo como una luz que él mismo describió como «el amor en brote».
«¿Sos feliz?», le preguntó este medio. «Sí. ¿Te falta algo? Sí, mi esposa. Pero soy feliz porque armé una familia, armé mis hijos», respondió.
Cuando se le preguntó si el trabajo había influido en su salud, no esquivó la respuesta: «Sí. Influyó mucho porque le di todo». Hoy convive con diabetes e hipertensión. Pero lo dice sin dramatismo, con la misma calma con la que habló de los sandwiches de milanesa que su madre le preparaba a escondidas durante las guardias en el hospital, o de las noches en que se fue a dormir sin cenar.
«Charata siempre fue muy colaboradora»
A lo largo de la entrevista, Rey volvió varias veces sobre la ciudad. Sobre la gente que respondió cada vez que el hospital necesitó colaboración para pacientes sin ropa, sin medicamentos, sin comida. «Charata siempre fue muy colaboradora en todas esas cosas», afirmó.
Y sobre eso construyó su cierre. No con un balance de gestión ni con un listado de logros —aunque los tiene: quirófano, oftalmología, cardiología instalados durante su conducción— sino con una frase que lo define: «Pido perdón si en algún momento le falté el respeto a alguien, en palabra, obra u omisión. Solamente quise dar lo mejor de mí».
El Hospital de Charata perdió ayer a uno de sus pilares. La ciudad, a uno de los suyos.
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