Economía
Exportaciones de aceite de girasol Argentina 2026: cosecha récord, 13,8% del mercado mundial y una oportunidad que el interior mira de cerca
Argentina recupera terreno en el mercado mundial del aceite de girasol: cosecha récord, 13,8% del comercio global y el retroceso de Rusia y Ucrania.

La Argentina está recuperando posiciones en el mercado internacional del aceite de girasol por primera vez en más de dos décadas, impulsada por una cosecha que el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos proyecta como una de las más altas de la historia reciente y por el retroceso relativo de los grandes exportadores del Mar Negro. Las exportaciones de aceite de girasol de Argentina en 2026 se perfilan como las más significativas desde los años en que el país dominaba ese comercio con más de la mitad del volumen mundial, y el contexto geopolítico internacional —con la guerra en Medio Oriente y la presión sobre las cadenas de suministro de Rusia y Ucrania— actúa como un amplificador de esa recuperación. Para el interior productivo del país, y en particular para provincias como el Chaco donde el girasol forma parte histórica de la rotación agrícola, la noticia no es un dato estadístico distante: es una señal de mercado con consecuencias directas sobre decisiones de siembra, precios en origen y perspectivas de inversión en el sector.
El número del USDA y lo que significa
El organismo de agricultura de los Estados Unidos elevó en su último informe mensual su estimación para la cosecha argentina de girasol a 7 millones de toneladas, lo que representaría un crecimiento interanual del 25,2% respecto a la campaña anterior. De confirmarse ese registro, sería uno de los volúmenes más altos de las últimas campañas para el cultivo en el país. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires mantiene una proyección algo más moderada —6,2 millones de toneladas—, aunque destaca la posibilidad de rindes por encima de los promedios históricos en varias regiones productoras.
La diferencia entre ambas estimaciones no cambia el cuadro de fondo: la cosecha 2026 es, por cualquier medición, una de las mejores en años para el girasol argentino. Y el efecto sobre la balanza comercial ya es visible en los datos de enero: el complejo girasol generó ingresos por 210,1 millones de dólares en el primer mes del año, un salto interanual del 173,2%, según datos del Consejo Agroindustrial Argentino. Un número que habla con elocuencia de la magnitud del rebote productivo y de su traducción en divisas genuinas para la economía.
En términos de participación global, la Argentina representa actualmente el 13,8% de las exportaciones mundiales de aceite de girasol. En términos prácticos, eso equivale a casi una de cada siete toneladas del producto que se comercializa en el mundo. El dato adquiere una dimensión adicional cuando se lo contrasta con la participación de los líderes del sector: Ucrania alcanza el 33,2% del mercado global y Rusia el 30,3%, ambos con una tendencia relativa a la baja respecto a sus picos históricos.
De líder absoluto a tercer jugador: dos décadas de posiciones cedidas
Para comprender el presente del sector es necesario entender la magnitud de lo que el país perdió. En la campaña 2001/2002, la Argentina concentraba cerca del 60% del comercio mundial de aceite de girasol. Ucrania participaba con el 25% y Rusia con apenas el 6%. Era una posición de dominio casi monopólico que convertía al país en el referente global indiscutido del sector.
La pérdida de ese liderazgo fue gradual pero sostenida a lo largo de los años siguientes. Ucrania y Rusia expandieron de manera agresiva su superficie sembrada durante los años 2000, incorporaron tecnología en la siembra, la cosecha y el procesamiento, y desarrollaron una industria de crushing —el proceso de extracción del aceite a partir de la semilla— que les permitió agregar valor local antes de exportar. El resultado fue que la región del Mar Negro pasó de ser un actor secundario a concentrar más del 60% del comercio mundial del producto.
Exportaciones de aceite de girasol
La Argentina acumuló, en ese mismo período, factores que debilitaron su posición competitiva. El esquema de retenciones a las exportaciones vigente durante buena parte de las últimas dos décadas redujo los incentivos para el cultivo de girasol entre los productores del interior. La reorientación de la matriz agrícola hacia la soja y el maíz —cultivos que ofrecían mejores paquetes tecnológicos y mayor rentabilidad durante el boom de los commodities— redujo de manera sostenida el área destinada al girasol. Y la inversión en tecnología e infraestructura de procesamiento no acompañó el ritmo que sí tuvieron los competidores del hemisferio norte.
En provincias como el Chaco, donde el girasol disputó históricamente superficie con el algodón y la soja, ese proceso se vivió de manera directa. La reducción del área girasolera en el NEA fue parte de una tendencia nacional con raíces en la política económica, no solo en las preferencias agronómicas de los productores. Cada punto porcentual de retención que hacía menos rentable el girasol en comparación con la soja era un mensaje de precio que los agricultores del interior decodificaban con una claridad que los debates de Buenos Aires a veces tardaban en procesar.
El factor geopolítico: cuando la guerra abre mercados
El escenario internacional en el que se produce esta recuperación argentina tiene características que no existían en los ciclos anteriores. La escalada bélica en Medio Oriente y la continuidad del conflicto en Ucrania generaron una mayor incertidumbre en los mercados de commodities agrícolas y alimentaron la demanda de proveedores alternativos a los del Mar Negro. La Argentina aparece en ese contexto como una fuente de abastecimiento con menor exposición a los riesgos geopolíticos que afectan a los dos principales exportadores mundiales.
El USDA identificó además una tensión estructural que actúa como telón de fondo: la relación entre stocks y consumo mundial de aceite de girasol continúa cayendo y se ubica en torno al 13,5%, un nivel que refleja una oferta ajustada frente a una demanda que no cede. En un mercado con esa configuración, cada tonelada adicional que la Argentina puede colocar en el exterior tiene un valor estratégico que trasciende el dato estadístico. Los compradores buscan diversificar proveedores, y el girasol argentino llega en un momento en que esa diversificación tiene precio.
La oportunidad no es exclusiva del sector exportador de las grandes zonas pampeanas. Las cadenas de valor del aceite de girasol tienen ramificaciones que alcanzan a las economías regionales del norte: el transporte, el almacenamiento, los servicios de maquinaria agrícola, la actividad de las cooperativas y los acopiadores del interior son eslabones que se activan cuando el cultivo recupera rentabilidad y superficie. En ese sentido, lo que el USDA proyecta desde Washington tiene consecuencias que se sienten en los depósitos de una cooperativa chaqueña o en la decisión de un productor del este del Chaco sobre qué sembrar en la próxima campaña.
La Ley de Semillas y la brecha tecnológica pendiente
La recuperación del protagonismo argentino en las exportaciones de aceite de girasol llega en simultáneo con un debate interno que el sector agroindustrial no termina de resolver: la actualización de la Ley de Semillas. El marco normativo vigente es considerado por buena parte de los actores del agro como un freno para cerrar la brecha de rendimientos por hectárea respecto a los competidores directos.
Si la Argentina lograra acercar sus rindes en girasol a los que obtienen Ucrania y Rusia con tecnología más avanzada, el potencial exportador del sector se multiplicaría de manera significativa. El debate, sin embargo, está lejos de resolverse: parte del sector resiste mayores regulaciones sobre semillas, mientras que la mayoría de los actores reconoce que algún tipo de actualización normativa es necesaria para no seguir perdiendo terreno tecnológico frente a los competidores globales. Esta discusión tiene una dimensión práctica muy concreta para los productores del interior: sin acceso a variedades de mayor rendimiento con respaldo legal claro, la competitividad por hectárea seguirá siendo inferior a la de los rivales del Mar Negro, independientemente de los precios internacionales que fije la guerra.
Una oportunidad que la historia obliga a tomar en serio
El rebote productivo de 2026 no ocurre en el vacío. Ocurre en un contexto de menor presión sobre los exportadores y de precios internacionales elevados por la tensión en el Mar Negro, y ocurre después de décadas en que la Argentina demostró una capacidad notable para desperdiciar ventajas competitivas genuinas. El dominio de los años noventa no era casual: respondía a condiciones agroecológicas privilegiadas, a una industria de crushing desarrollada y a productores con experiencia en el cultivo. Lo que cambió no fue la tierra ni el clima, sino las reglas del juego.
La pregunta que el sector se hace —y que la historia justifica plantearse— es si esta vez el entorno institucional y las políticas públicas van a acompañar, o si, como en otros ciclos, la ventana se cerrará antes de que la Argentina termine de aprovecharla. Desde el interior productivo, esa pregunta tiene una urgencia particular. Las provincias que dependen del agro no pueden darse el lujo de esperar que el debate se resuelva en Buenos Aires. Los productores del Chaco, de Santiago del Estero, de Córdoba, de La Pampa y del sur de Santa Fe toman decisiones de siembra con la información disponible hoy, no con las promesas de política pública que se debaten en comisiones legislativas.
Lo que los datos de 2026 muestran es que el mercado mundial del aceite de girasol tiene espacio para más exportaciones de Argentina. El USDA lo proyecta, los precios internacionales lo convalidan y la geopolítica lo demanda. El desafío es que el país, y especialmente el interior productivo que sostiene ese cultivo desde hace generaciones, esté a la altura de la oportunidad.
Economía
La Cámara de Comercio le pidió a ARCA que pare los embargos a las pymes: qué significa para los comercios de Charata
La entidad advirtió que bloquear el flujo de cobros de las empresas puede «agravar su situación hasta un punto irreversible» y empujar a las más pequeñas a la marginalidad

La Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) le envió un reclamo formal a la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) pidiéndole que frene los embargos sobre empresas en situación de crisis, con especial atención a las micro, pequeñas y medianas empresas. El documento fue dirigido al titular de ARCA, Andrés Vásquez, con copia al ministro de Economía, Luis Caputo, y lleva las firmas del presidente de la CAC, Mario Grinman, y del secretario de la entidad, Ángel Machado. Para los comercios del Departamento Chacabuco, muchos de los cuales operan en condiciones ajustadas desde hace meses, el reclamo toca un nervio real.
Qué está haciendo ARCA y por qué preocupa
El mecanismo cuestionado por la CAC funciona así: cuando una empresa tiene deudas con ARCA, la agencia notifica a los clientes de esa empresa para que retengan los pagos que le deben y los depositen directamente en la cuenta del organismo fiscal hasta cubrir el monto embargado. En la práctica, eso significa que un comercio con deudas impositivas puede quedarse sin cobrar lo que ya vendió, de un día para el otro, sin margen para reorganizarse.
La CAC reconoce en su presentación que la medida es legalmente válida —ARCA tiene facultades para hacerlo— pero la califica de «totalmente inoportuna» en el contexto actual. El argumento es contundente: las pymes ya enfrentan reducción de ventas, caída de márgenes, costos en alza, tasas de interés elevadas y dificultades para acceder al crédito. Bloquearles el flujo de ingresos en ese escenario, advierte la entidad, puede «agravar su situación hasta un punto irreversible» e incluso «empujar a las más pequeñas a la marginalidad».
Lo que le piden al gobierno
La CAC no le pide a ARCA que abandone el cobro de lo que se le debe. Le pide que cambie el método. Concretamente, solicita que se instruya a las áreas legales del organismo para que eviten tomar medidas precautorias sobre el flujo comercial de las empresas en dificultades, y que se flexibilicen las condiciones de acceso a planes de pago. La lógica detrás del pedido es simple: una empresa que sigue funcionando puede saldar sus deudas con el fisco a lo largo del tiempo; una empresa que cierra no le paga nada a nadie.
Por qué importa esto en Charata y el Departamento Chacabuco
Charata es una economía de pymes. Los comercios, las distribuidoras, los talleres y los prestadores de servicios que sostienen el empleo privado en el Departamento Chacabuco son exactamente el tipo de empresa que describe la CAC en su reclamo: estructuras pequeñas, con poco colchón financiero, que operan al límite en un contexto de costos altos y demanda interna todavía débil. Un embargo sobre sus cuentas a cobrar puede ser, literalmente, el último golpe antes del cierre.
El reclamo de la Cámara Argentina de Comercio no es una declaración genérica: es una señal de que el sector empresarial organizado ve un problema sistémico que está afectando a miles de comercios en todo el país, incluidos los del interior chaqueño.
Economía
El bache invernal en el Chaco 2026: qué dicen los técnicos del INTA sobre forraje, carga animal y cómo preparar el rodeo
Tras un verano con lluvias por debajo de lo normal, el Chaco llega a mayo con potreros degradados y animales con baja condición corporal. Las recomendaciones técnicas para no comprometer la reposición del rodeo.

Cada año, cuando el termómetro empieza a bajar en el Chaco y los pastos dejan de crecer, los productores ganaderos enfrentan el mismo problema: el bache invernal. La diferencia entre un invierno manejable y uno que destruye condición corporal y compromete la preñez del rodeo se define en otoño, no en julio. Y en mayo de 2026, con el frío ya instalado en el Departamento Chacabuco y en el resto del Chaco, los técnicos del INTA Colonia Benítez tienen mensajes claros para los productores de la región.
Como informó CharataChaco.Net en la nota sobre el estado de la ganadería en el Departamento Chacabuco, el sector arrancó 2026 con precios históricos sostenidos y demanda firme, pero con una advertencia estructural: el clima es la variable que puede torcer cualquier proyección positiva.
El punto de partida: un verano seco que complicó las reservas
Reservar forraje para el invierno es un desafío en todo campo ganadero de la región del Chaco. Las condiciones habituales de bajas temperaturas y bajo volumen de precipitaciones hacen de los inviernos un período de escasez de forraje. Pero este año el problema arranca antes: ante la situación particular de este otoño, los pastos que podrían servir como reserva no han logrado su desarrollo habitual por la cantidad reducida de precipitaciones, lo que obliga al productor a retrasar el proceso de generar reservas.
El diagnóstico del INTA es preciso. La región Chaqueña enfrenta una tendencia climática con precipitaciones por debajo de lo normal, lo que impacta en una baja o nula disponibilidad de pastizales, pasturas y reservas forrajeras. A este panorama se suma el estado de degradación de los potreros y una baja condición corporal de los animales a la entrada al invierno.
Lo primero: medir lo que hay antes de decidir qué hacer
Antes de tomar cualquier decisión sobre ventas, destetes o suplementación, el INTA recomienda un paso previo que muchos productores saltan: cuantificar la oferta forrajera real de cada campo. José Rosello, especialista del INTA Colonia Benítez, explica que «la primera tarea será cuantificar el pasto de cada potrero, recorriendo e identificando las especies que lo componen para estimar su posible aprovechamiento».
Sin ese número sobre la mesa, cualquier decisión de carga animal es un tiro al aire. Con él, el productor puede calcular cuántos animales puede sostener con lo que tiene y cuántos debe vender o mover antes de que el invierno los deteriore.
Ajustar la carga: qué vender y qué priorizar
Una vez relevada la oferta forrajera, la segunda decisión es la más difícil: qué animales quedan y cuáles salen. Osvaldo Balbuena, investigador del INTA Colonia Benítez, priorizó la evaluación de disponibilidad de forraje y agua para ajustar la carga animal de cada establecimiento, realizar el destete y diagnóstico de preñez con la aplicación del plan sanitario y proceder a la venta de categorías improductivas.
El criterio de supervivencia es contundente. Victoria Rossner, investigadora del INTA Colonia Benítez, lo explica con datos: «las vacas vacías y en buen estado corporal son las que menos riesgo corren y tienen un 99% de chances de sobrevivir en la emergencia. Por otra parte, las que entran al invierno con preñez avanzada y muy flacas solo tienen un 10% de probabilidad de sobrevivir».
La lógica es simple pero el orden importa: primero el diagnóstico de preñez, después las decisiones de venta. Una vaca preñada y flaca en un campo sin pasto es un problema doble: compromete su propia supervivencia y la del ternero.
Los rollos: cómo hacerlos bien cuando el tiempo apremia
Para quienes todavía están en condiciones de generar reservas propias, el INTA advierte sobre los errores más comunes cuando se enrolla fuera de fecha. Marcelo Pamies, técnico del INTA, advierte que el escaso desarrollo de los pastos por la falta de lluvias ha retrasado la posibilidad de generar reservas forrajeras, lo que obliga a muchos establecimientos a confeccionar rollos fuera del período ideal. «Estamos cortando muy cerca del invierno. Por eso, es esencial no hacerlo demasiado al ras. Dejar un remanente de al menos 15 centímetros permitirá que las plantas tengan margen para recuperarse antes de que lleguen los fríos intensos».
El remanente de 15 centímetros no es un capricho técnico: es la diferencia entre un potrero que se recupera en primavera y uno que queda degradado por varios años.
Qué pasturas aguantan mejor el invierno chaqueño
No todas las especies forrajeras responden igual al frío. El INTA identifica dos que funcionan especialmente bien en el Chaco. El pasto clavel es uno de los que mantiene por mayor tiempo la calidad forrajera y la digestibilidad. Además, por el hecho de crecer en ambientes bajos, con acumulación de agua, es menos afectado por las heladas. En ambientes altos, la grama se adapta bien a la práctica de reservar potreros. Por su tolerancia a las bajas temperaturas no se ve tan afectada por las heladas leves, y también presenta una rápida recuperación a la salida del invierno.
Para quienes están pensando en la base forrajera de mediano plazo, el INTA también publicó recientemente una evaluación de gramíneas megatérmicas en el Chaco Semiárido, donde el buffel grass y algunas variedades de Urochloa mostraron rendimientos de hasta 11.500 kilos de materia seca por hectárea, con buenos resultados en condiciones de déficit hídrico.
A quién alimentar primero cuando el forraje no alcanza para todos
Cuando las reservas son escasas, la prioridad no puede ser democrática. Pamies es categórico: «Cualquiera sea el método de generar reservas, más que nunca habrá que priorizar las categorías a las que se destinarán las reservas de pastos este invierno. Por ejemplo, en un planteo ganadero de cría, la alimentación de las vaquillas de recría debería estar priorizada».
Las vaquillas de recría son el futuro del rodeo. Sacrificar su condición corporal en invierno para sostener categorías menos productivas es un error que se paga en los siguientes dos o tres años de producción. Los especialistas también coinciden en que a partir de abril se aconseja destetar todos los terneros que todavía estén al pie de la madre sin importar la edad, para que los vientres recuperen condición corporal con el rebrote otoñal.
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Economía
Ganadería chaqueña en 2026: qué dicen los remates del Departamento Chacabuco sobre el estado del sector
Con déficit de oferta y precios históricos sostenidos, el sector ganadero del sudoeste chaqueño acompaña la tendencia nacional: menos hacienda disponible, pero mejor negocio por cabeza.

El remate ganadero de 700 cabezas realizado este viernes en la Sociedad Rural de General Pinedo, con la presencia del intendente de Charata Rubén Rach, la senadora Silvana Schneider y el ministro de Producción Oscar Dudik, no fue solo un evento de comercialización: fue también una fotografía del momento que atraviesa la ganadería en el Departamento Chacabuco y en el Chaco en general. Y el cuadro, por ahora, muestra más luces que sombras.
El arranque de 2026: demanda firme y oferta ajustada
El primer remate feria del año en la Sociedad Rural de General Pinedo, realizado en febrero, ya había dado señales claras del momento del sector. El martillero Tomás Arzós había confirmado 600 cabezas para ese encuentro y anticipaba que el número podía superarse por el movimiento activo de anotaciones. Consultado sobre la situación del sector, Arzós destacó que 2025 fue un año muy bueno para la ganadería y que el inicio de 2026 mantiene la misma tendencia, con un déficit en la oferta y una demanda creciente que sostiene niveles de precios muy interesantes.
El remate de hoy, con 700 cabezas, confirma que esa tendencia se mantiene avanzado mayo. La participación de productores de toda la región y la presencia institucional de referentes provinciales refuerzan la lectura de que el calendario ganadero del Departamento Chacabuco está activo y con convocatoria.
Qué dice el contexto nacional sobre los precios
Los remates locales no ocurren en el vacío: se insertan en un mercado nacional que en 2026 presenta una característica bien definida. En todos los escenarios proyectados para la ganadería argentina en 2026 se espera una reducción de la oferta de carne vacuna como producto de una caída de la faena bovina. Menos oferta con demanda sostenida es la fórmula que explica por qué los precios se mantienen en niveles históricamente altos.
La proyección de precios de la hacienda hace prever que se mantendrán en 2026 buenos precios históricos para las categorías de engorde, y la actividad de la cría tiene proyecciones de negocios muy buenos para el 2026 debido a los buenos precios proyectados del ternero y de la vaca.
A nivel de precios concretos, el novillo se cotiza en torno a los $4.507 por kilo vivo a nivel nacional, según los datos más recientes de la Secretaría de Agricultura. Para un productor del interior chaqueño que remata hacienda en General Pinedo, ese piso de referencia es el punto de partida de la negociación.
El norte argentino: buenas perspectivas con una advertencia climática
El Departamento Chacabuco tiene una particularidad que lo distingue del promedio nacional: su ganadería se desarrolla en un ambiente subtropical con ciclos de lluvia y sequía que pueden alterar radicalmente la disponibilidad de forraje y el estado de la hacienda. Las regiones productivas del norte argentino presentan anomalías de productividad causadas por restricciones hídricas, una advertencia que los propios técnicos del sector incorporan en sus proyecciones para 2026.
El propio Arzós lo había marcado al inicio del año: «Siempre que el clima acompañe, creo que tenemos años muy buenos por delante para la ganadería». La frase resume el principal factor de riesgo para la ganadería chaqueña: no es el mercado sino el cielo.
Más cabezas, mejor negocio: lo que falta medir
Para tener una lectura completa del estado de la ganadería en el Departamento Chacabuco en 2026 hacen falta datos que aún no están consolidados: el total de cabezas rematadas en todos los eventos del año en la Sociedad Rural de General Pinedo y en otras rurales del departamento, el precio promedio por categoría en cada remate y la comparación con los mismos eventos de 2025.
Lo que sí puede decirse con los datos disponibles es que el sector arrancó el año con señales positivas, que la demanda sostiene los precios y que los productores del sudoeste chaqueño tienen razones fundadas para el optimismo, siempre que las lluvias de otoño e invierno acompañen la carga que tienen en los campos.
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