Sociedad
Amenazas en escuelas del Chaco: una Psicopedagoga de Charata advierte que hay que preguntarse qué es lo que los chicos no pueden decir
Sonia Ibrahim analizó el fenómeno desde la psicopedagogía y puso el foco en el rol del adulto y la necesidad de límites amorosos.

En el marco de la ola de amenazas de tiroteos que sacudió a más de 150 establecimientos educativos del Chaco durante las últimas semanas de abril de 2026, CharataChaco.Net dialogó con la Profesora y Psicopedagoga de Charata Sonia Ibrahim, quien ofreció una reflexión profunda sobre lo que estas situaciones revelan de la sociedad adulta y del vínculo con los adolescentes.
Ibrahim fue directa al plantear el eje de su análisis: «Creo que tal vez nos estamos corriendo el foco centrándonos en ellos, en lo que hacen», advirtió, señalando que esa mirada resulta demasiado simplista frente a la complejidad que encierran estos episodios.
Las amenazas en escuelas del Chaco como señal, no como hecho aislado
En el Chaco, donde ya se registraron más de 150 instituciones afectadas y al menos tres causas judiciales con menores implicados, el debate sobre cómo responder al fenómeno se instaló con fuerza en la comunidad educativa. Para Ibrahim, sin embargo, la pregunta central no pasa por la sanción sino por la escucha.
La psicopedagoga charatense ubicó las amenazas dentro de las características propias de la adolescencia: «Es una etapa donde los jóvenes están en este camino de búsqueda de su identidad, de reconocerse, de identificar cuáles son sus necesidades, quién quieren ser, cómo se quieren expresar, cómo se quieren mostrar», describió.
Y cuando esa búsqueda se manifiesta de formas disruptivas o violentas, Ibrahim propone cambiar el foco: «Más que señalar, más que cuestionar, necesitamos preguntarnos qué es eso que los chicos no están pudiendo decir; qué conversaciones no se están dando; qué palabras no están disponibles para que esto emerja».
El límite como forma de cuidado
Uno de los ejes más potentes de su reflexión fue la reivindicación del límite como acto de amor, no de autoritarismo. «Los límites son una cuestión fundamental en el desarrollo de cualquier ser humano. El límite es una de las formas más hermosas de cuidado hacia nuestros hijos. Los límites, cuando son sanos y amorosos, ordenan, contienen, dan seguridad», sostuvo Ibrahim.
De ahí deriva, en su análisis, la centralidad del rol adulto: «El rol del adulto es irremplazable. Nadie ni nada podrá reemplazar ese lugar». Y en ese punto fue enfática al señalar lo que hoy se les exige a los adultos: estar disponibles emocionalmente para sostener conversaciones incómodas, para sostener el «no», para acompañar sin desentenderse.
«Desde un lugar de la presencia», insistió, lo que para ella significa «la disponibilidad para generar vínculos en los que los adolescentes se sientan vistos, escuchados, valorados». Que haya conversaciones. Que lo que se siente pueda ponerse en palabras.
Responsabilidad colectiva, no búsqueda de culpables
Ibrahim fue contundente al rechazar la lógica del señalamiento: «Buscar culpables me parece que no es el camino, sino asumir responsabilidades. Y cuando hablo de responsabilidad, hablo de responsabilidades colectivas: la familia, la escuela, la sociedad en general, los adultos tenemos una responsabilidad indelegable en este momento».
En esa línea, la psicopedagoga planteó que estas situaciones son, en el fondo, un espejo: «Todas estas situaciones que emergen en la escuela, en la sociedad en general, son un reflejo de quiénes estamos siendo nosotros, los adultos».
El desafío mayor, según Ibrahim, está en revisar las propias formas de ejercer el rol adulto: la paternidad, la maternidad, la docencia. Cómo se comunican los adultos, cómo están presentes, qué entienden por educar hoy.
«Son momentos claves para parar, no para juzgar; para escuchar un poco más, para estar más disponible, para pedir ayuda si necesitamos, aun como adultos», cerró. Y remató con una idea que atraviesa toda su reflexión: «Si realmente nosotros queremos acompañar a los adolescentes, necesitamos empezar por nosotros. Por transformar nuestras propias heridas, situaciones, historias, en sabiduría y en posibilidad para acompañar a estos adolescentes».
Sociedad
La torta a la parrilla en Charata: el sabor de la tradición norteña que se cocina al fuego y sostiene a muchas familias en tiempos de crisis
En el Paseo del Sol y otros puntos de la ciudad, los puestos de tortas son una parada obligada que mezcla tradición, identidad y economía popular.

El olor a leña y masa tostada forma parte del paisaje de Charata. La torta a la parrilla es uno de los emblemas gastronómicos del norte chaqueño: un producto humilde, de pocos ingredientes, que sobrevivió durante generaciones y que hoy sigue siendo una presencia constante en los puestos callejeros de la ciudad, especialmente alrededor del Paseo del Sol.
No es pan y no es torta en el sentido convencional. Es algo propio del norte argentino: una masa de harina, grasa de vaca, agua con sal y fuego. El resultado es una pieza crocante por fuera, tierna por dentro, con ese sabor ahumado que ningún horno puede replicar.
Una tradición que nació del ingenio criollo
La tortilla a la parrilla tiene raíces profundas en la cocina rural del norte argentino, donde el ingenio popular convirtió lo básico en manjar. En zonas rurales donde el horno era un lujo y el pan no llegaba fácil, esta receta nació como solución práctica: harina, grasa, sal y fuego.
Con el tiempo, lo que fue necesidad se convirtió en identidad. En ciudades como las del Chaco y Santiago del Estero existen puestos callejeros que venden las tortas calentitas, hechas en el momento. En Charata esa escena es cotidiana: quien pasa por el Paseo del Sol o por ciertos puntos del barrio reconoce de lejos el humo y se detiene.
La receta clásica no admite demasiadas variaciones. Harina 000, grasa de vaca, agua tibia con sal. Algunos agregan un toque de bicarbonato o levadura para aligerar la miga, aunque la versión más de campo es chata y compacta, casi sin aire. La grasa vacuna le da ese sabor ahumado y profundo que define a la receta tradicional.
El secreto está en las brasas
La cocción es el momento clave. No se trata de rapidez sino de paciencia. La masa se estira en forma de disco, se pincha con tenedor para que no se infle de más, y va directo sobre los fierros de la parrilla con brasas suaves, sin llamas. Entre 10 y 15 minutos por lado. Si suena hueca al golpe de nudillo, está lista.
El resultado tiene ese marcado de los fierros en la corteza, la señal inconfundible de que fue hecha como corresponde. Se come caliente, casi obligatoriamente. Sola, o abierta al medio con queso, jamón o simplemente manteca derritiéndose adentro.
En Charata, una economía que huele a leña
Más allá de la tradición, los puestos de tortas en Charata tienen hoy una dimensión concreta: para muchas familias representan un ingreso extra que ayuda a paliar la crisis económica. Con una inversión mínima en ingredientes y el trabajo puesto en el fuego, la torta a la parrilla se convierte en un producto que se vende rápido, que no necesita local y que la gente busca.
Los puestos del Paseo del Sol son los más visibles, pero no los únicos. En distintos puntos de la ciudad aparecen las parrillas humeantes a determinadas horas del día, con las tortas apiladas o saliendo directo del fuego al comprador. Es el «fast food» regional por excelencia: económico, llenador y sin pretensiones.
La economía informal en tiempos difíciles encuentra en este producto uno de sus formatos más antiguos y más vigentes. No requiere habilitación de local, no exige equipamiento costoso y conecta directamente con una demanda que existe desde siempre. El chaqueño sabe lo que es una buena torta y la busca.
Identidad en un disco de masa
Hay algo que excede lo gastronómico en la torta a la parrilla. Es parte del ritual del mate, del asado familiar, del viaje por las rutas del Chaco donde los puestos bajo los árboles son una parada casi obligada. Aunque tenga siglos, no pasa de moda. Es parte de la identidad gastronómica del norte.
En Charata, ese patrimonio está vivo. Está en el humo que sale de una parrilla improvisada al costado del Paseo del Sol, en las manos que amasan de madrugada para tener el puesto listo, y en el cliente que compra dos y las lleva envueltas en papel para acompañar el mate de la tarde.
Sociedad
El Consorcio Caminero N°17 de Pampa Landriel trabaja contra el clima y los costos para mantener 168 kilómetros de caminos rurales antes de la cosecha de soja
Mabel Chaparro detalló que el municipio de General Pinedo aportará 1.000 litros de combustible y productores sumarán trabajo y recursos para sostener la red terciaria.

El Consorcio Caminero N°17 de Pampa Landriel tiene a su cargo el mantenimiento de 168 kilómetros de la red terciaria de caminos del Chaco, una extensión que cubre la zona de Pampa Landriel y llega hasta Puerta de León. Su presidenta, Mabel Chaparro, dialogó con CharataChaco.Net y trazó un panorama preciso de la situación: condiciones climáticas adversas, costos en alza y recursos que llegan pero no alcanzan, todo esto con la cosecha de soja asomando en el horizonte.
«Comenzamos o reanudamos, en lo que se puede, el trabajo en los caminos. Muy, muy poco lo que podemos hacer en estos momentos debido a las condiciones climáticas que afectaron la zona», explicó Chaparro. Si bien la zona no registró cortes masivos de caminos, la presidenta fue enfática: el terreno no permite avanzar con trabajos de fondo y cualquier precipitación adicional complicaría aún más el escenario. «Ojalá el tiempo nos dé un respiro. Si llueve mañana, como está pronosticado, va a ser sumamente complejo», advirtió.
El combustible, el costo que más aprieta
Entre los factores que más presionan la operación del consorcio, Chaparro destacó el precio del combustible como el principal condicionante. El gasoil es el insumo esencial e imprescindible para toda la maquinaria de mantenimiento, y su valor sigue en alza: la presidenta mencionó que se prevé un nuevo aumento en los próximos días, con impacto directo sobre los costos de cada trabajo en las rutas y caminos de la red terciaria.
«Los recursos que recibimos llegan con regularidad, pero terminan siendo insuficientes para poder afrontar todas las actividades que implica la reconstrucción en estos momentos», subrayó. La distinción que hizo Chaparro es relevante: no es lo mismo el mantenimiento de rutina que la reconstrucción de un camino dañado por las lluvias, y es precisamente eso lo que el consorcio enfrenta ahora, con un costo muy superior al de las tareas habituales.
General Pinedo y productores, aliados para sostener los caminos
Ante la insuficiencia de recursos propios, el Consorcio N°17 activó acuerdos con el municipio de General Pinedo —jurisdicción a la que pertenece Pampa Landriel— y con productores de la zona. El municipio aportará 1.000 litros de combustible, un alivio concreto que Chaparro agradeció de manera explícita. Los productores, por su parte, sumarán trabajo y combustible para encarar las tareas de corrección y reconstrucción de los caminos más afectados.
«Estamos tratando de establecer algunas sinergias con los municipios y con algunos productores también, con su colaboración y su aporte», explicó la presidenta, quien destacó que el municipio de General Pinedo participa de manera obligatoria en la comisión del consorcio y estuvo presente en la última asamblea.
La cosecha de soja, el reloj que apremia
El trasfondo de toda esta situación tiene nombre concreto: la cosecha de soja se aproxima y los caminos rurales deben estar en condiciones para sacar la producción. En el Departamento Chacabuco y en toda la zona de influencia del consorcio, los caminos de la red terciaria son la única vía de acceso para la maquinaria agrícola y los camiones que mueven el grano.
Chaparro también puso en perspectiva la situación regional: otros consorcios de la misma Zona 3 y de distintas zonas de la provincia atraviesan dificultades aún mayores, con caminos cortados e imposibilidad de ingresar con maquinaria. «A otros consorcios les ha afectado de una manera muy, muy desagradable», señaló, dejando en claro que el problema no es exclusivo de Pampa Landriel sino una realidad extendida en toda la red rural chaqueña.
El mensaje final de la presidenta del Consorcio N°17 fue de cautela y de esperanza en partes iguales: «Estamos rogando todos que nos dé el tiempo un respiro, que no llueva, y ahí podremos avanzar en mejorar todo lo que son los caminos de la red terciaria.»
Sociedad
Carina Cáseres es la primera mujer presidente del Club Juventud Unida de Charata y fue recibida por el intendente Rach
La nueva conducción del club trabaja en el plano deportivo e institucional conteniendo a cientos de chicos de distintos barrios de Charata.

Carina Alejandra Cáseres se convirtió en la primera mujer presidente del Club Social y Deportivo Juventud Unida de Charata, tras ser elegida en asamblea por los socios de la institución. El hecho marca un hito en la historia del club y abre un nuevo capítulo para una entidad que ocupa un lugar central en la vida deportiva y social de la ciudad.
El jueves por la mañana, el intendente Rubén Rach y el presidente del Concejo Deliberante Alejandro Barcala recibieron a Cáseres en el municipio, en un gesto de respaldo institucional a la nueva conducción. La reunión sirvió para destacar el trabajo que vienen realizando los integrantes de la Comisión Directiva y los colaboradores del club, tanto en el plano deportivo como en el institucional, conteniendo a cientos de niños y jóvenes de distintos barrios de Charata.
El respaldo del municipio a las instituciones charatenses
El intendente Rach fue claro en su postura respecto al vínculo entre el municipio y los clubes de la ciudad. «Desde el Municipio seguimos apostando al trabajo en conjunto y al acompañamiento permanente, como lo hacemos con cada institución de nuestra ciudad, protagonistas siempre del crecimiento y el desarrollo de Charata», subrayó el jefe comunal.
El Juventud Unida es una de las instituciones deportivas con mayor arraigo en Charata. Su trabajo de base con la niñez y la juventud de distintos barrios lo convierte en un actor clave de la trama social de la ciudad, rol que la nueva conducción encabezada por Cáseres se propone sostener y profundizar.
El acceso de una mujer a la presidencia del club no es un dato menor en el contexto del deporte local: refleja un proceso de mayor participación femenina en los espacios de conducción institucional que viene consolidándose en distintos ámbitos de la vida pública charatense.
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