Sociedad
El almacén de barrio chaqueño resiste pero sangra: menos ventas, más fiado y comercios que bajan las persianas en Sáenz Peña, Resistencia y el interior provincial
Mientras el gobierno nacional celebra el ordenamiento fiscal, el comercio minorista del interior chaqueño atraviesa su peor momento en años: en Roque Sáenz Peña cerraron un supermercado, una concesionaria y una empresa de equipos comerciales; en todo el país desaparecen 50 kioscos por día y los almaceneros sobreviven con segundas marcas, porciones más chicas y el viejo recurso del fiado.

En Roque Sáenz Peña, la Capital del Algodón, cerraron en las últimas semanas un supermercado, una concesionaria de autos y un local de venta de equipos comerciales —heladeras, cocinas y hornos industriales—. Los dueños explicaron el cierre con una frase que se repite en todo el interior del país: «No nos pudimos sostener, es muy difícil cuando las ventas caen estrepitosamente». En Resistencia y el Gran Resistencia, los almacenes de barrio todavía no cierran masivamente pero sí acumulan señales de deterioro: caída de volumen de ventas, sustitución de primeras marcas por segundas marcas y productos de fabricantes locales, porciones más pequeñas y el regreso silencioso del fiado —ese mecanismo informal de crédito barrial que desapareció con la estabilidad de los años noventa y volvió con cada crisis—. Los almacenes de barrio en el Chaco son hoy el termómetro más preciso de la crisis de consumo que el ajuste del gobierno nacional genera en los sectores populares del interior: absorben la demanda que el supermercado perdió, sostienen a los vecinos que no llegan a fin de mes y funcionan como red de contención social en barrios donde el Estado llega poco y tarde. Pero esa función tiene un costo que los propios almaceneros están pagando con sus márgenes, su tiempo y, en algunos casos, con el cierre definitivo del negocio familiar.
Lo que dicen los números: caída del consumo pyme en todo el país
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) reportó una baja interanual del 5,6% en el comercio pyme durante febrero de 2026, el último dato disponible al cierre de esta nota. Es el sexto mes consecutivo de caída. El dato es la fotografía nacional de un fenómeno que en el interior del país —y particularmente en provincias como el Chaco, donde el poder adquisitivo promedio es inferior al de los grandes centros urbanos— se siente con mayor intensidad que en las mediciones agregadas.
En paralelo, la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) alertó que en el país cierran alrededor de 50 kioscos por día, lo que proyecta más de 1.500 cierres mensuales en ese solo rubro. Los kioscos son, en el vocabulario del análisis comercial, el termómetro barrial por excelencia: son el primer comercio que abre en un barrio nuevo y el primero en cerrar cuando el consumo se retrae. Su desaparición en masa no es solo un dato económico sino una señal social: significa que los vecinos de esos barrios compran menos, compran menos seguido y compran cosas más baratas.
Para los almacenes de barrio la situación es distinta pero no más alentadora. Fernando Savore, vicepresidente de la Federación Nacional de Almaceneros, señaló que los almacenes resisten mejor la caída que las grandes superficies —las ventas en supermercados cayeron un 3,3% mientras los almacenes mostraron leves signos de sostenimiento—, pero esa resistencia relativa no significa prosperidad. Significa que los vecinos que antes iban al supermercado vuelven a los almacenes de barrio porque es más cerca, acepta el fiado y vende en porciones más pequeñas, ya sea en el Chaco o cualquier región de la Argentina. El almacén gana clientes que pierden los supermercados, pero esos clientes tienen menos plata que antes.
El fiado vuelve: el crédito informal que sostiene a los barrios populares
El fiado es el mecanismo de crédito más antiguo y más democrático del barrio popular argentino. No requiere DNI, historial crediticio ni garantías: requiere conocerse, confiar y saber que el vecino va a volver. Desapareció casi completamente durante la convertibilidad, cuando los precios eran predecibles y los sueldos alcanzaban. Volvió con la crisis de 2001. Se afianzó durante las sucesivas devaluaciones. Y en 2026, según los propios almaceneros, está más presente que en cualquier momento de los últimos diez años.
Savore lo describió con una precisión que resume el estado del consumo popular mejor que cualquier índice: «Si un jubilado me dice que le faltan dos o tres días para cobrar, ¿cómo no lo vamos a aguantar?». La frase condensa la lógica del fiado contemporáneo: no es generosidad abstracta sino una decisión económica racional del comerciante que sabe que el jubilado va a volver, que vive a dos cuadras y que el monto en juego es manejable. Lo que cambió en 2026 respecto de otros momentos de crisis es la frecuencia: ya no es el jubilado que necesita aguantar tres días antes del cobro sino familias que fían durante semanas y trabajadores informales que no tienen fecha fija de ingreso.
En el Chaco, donde más del 50% de la fuerza laboral trabaja en la informalidad —la tasa más alta del NEA después de Formosa—, el fiado no es una excepción sino una práctica estructural del comercio de barrio. El almacenero chaqueño conoce el ritmo de cobro de sus clientes mejor que cualquier sistema de scoring crediticio: sabe cuándo cobra el empleado municipal, cuándo llega la AUH, cuándo entra el jornal del changarín. Y ajusta su política de fiado en función de ese conocimiento territorial que ningún banco tiene.
El cambio de hábitos: segundas marcas, porciones chicas y menos variedad
Además del fiado, los almaceneros registran un cambio profundo en los patrones de consumo que refleja el ajuste del poder adquisitivo en tiempo real. El fenómeno más notable es la sustitución de primeras marcas por segundas marcas y productos de fabricantes locales o regionales. En el almacén de barrio, ese cambio es visible en las góndolas: donde antes había tres opciones de aceite de girasol hoy hay una, y es la más barata. Donde había fideos de marca nacional hoy hay fideos sueltos o de fabricante local. El aceite, el arroz, la yerba, la harina: todos migraron hacia el estante más económico.
El segundo cambio es la fragmentación de las compras. Los clientes que antes compraban un kilo de azúcar hoy compran medio kilo o 250 gramos. Los que compraban una docena de huevos compran seis. Los que compraban una botella de aceite de litro compran la de medio litro. El almacén de barrio históricamente tuvo la ventaja de vender en fracciones que el supermercado no puede ofrecer —porque el supermercado vende en envases industriales cerrados— y esa ventaja estructural se convirtió en 2026 en su principal activo competitivo.
El tercer cambio es la reducción de la variedad. Los almaceneros concentran el stock en los productos de mayor rotación y eliminan los de rotación lenta para no inmovilizar capital en mercadería que no se vende. Eso empobrece la oferta disponible en el barrio y obliga a los vecinos a hacer viajes más largos para conseguir productos que antes estaban a dos cuadras de su casa.
Almacenes de barrio en el Chaco: cuando el ajuste cierra comercios conocidos
El caso de Roque Sáenz Peña es el más documentado del interior chaqueño en esta crisis comercial. La segunda ciudad de la provincia —con cerca de 100.000 habitantes y una economía históricamente ligada al algodón, la ganadería y el comercio de la región— registró en las primeras semanas de 2026 el cierre de una sucursal del supermercado mayorista Diarco, una concesionaria de automóviles y un local de equipos comerciales. Alfredo González, presidente de la Federación Económica del Chaco e integrante de CAME, confirmó que las ventas estuvieron en baja durante todo 2025 y que el arrastre llega a 2026 sin señales de recuperación.
Los cierres en Sáenz Peña no son datos aislados sino parte de un patrón que se replica en todo el interior del país. En Río Gallegos cierra un negocio por día en lo que va de 2026. También en Posadas, cuatro empresas tradicionales de la capital misionera iniciaron Procedimientos Preventivos de Crisis ante la Secretaría de Trabajo. En Resistencia y el Gran Resistencia el proceso es más gradual pero igualmente visible: locales que reducen horarios, que despiden personal, que liquidan stock sin reponer, que pasan de local a venta por redes sociales para bajar el costo del alquiler.
Por qué el interior sufre más que Buenos Aires
El impacto de la caída del consumo en el interior chaqueño es estructuralmente más profundo que en los grandes centros urbanos por razones que van más allá de las diferencias en el nivel de ingreso. La primera es la informalidad: con más del 50% de la fuerza laboral en negro, una proporción enorme de los consumidores chaqueños no tiene acceso a crédito formal, no puede financiar compras en cuotas y depende exclusivamente de su ingreso corriente para consumir. Cuando ese ingreso cae en términos reales —como viene ocurriendo desde 2024—, la caída del consumo es inmediata y sin amortiguadores.
La segunda razón es la menor densidad de la red de contención social. En Buenos Aires, la caída del consumo de un trabajador informal puede ser parcialmente compensada por comedores comunitarios, merenderos, programas sociales municipales y una red de organizaciones sociales con mayor densidad que en el interior. En Sáenz Peña o en los barrios periféricos de Resistencia, esa red existe pero es más delgada y más dependiente del financiamiento nacional que en las grandes ciudades.
La tercera razón es el costo logístico. Los precios de los alimentos en el interior chaqueño son entre un 8% y un 15% más altos que en Resistencia o Buenos Aires por los costos de transporte, lo que significa que el mismo ingreso nominal compra menos en el interior provincial que en el conurbano bonaerense. El almacenero de barrio en Charata, General San Martín o Villa Berthet tiene márgenes más ajustados que su par de Resistencia porque paga más por la mercadería y su cliente tiene menos plata para gastarla.
Lo que viene: entre la resistencia y el agotamiento
Los almaceneros consultados por distintos medios del interior coinciden en un diagnóstico que Mario Sarli, presidente del Centro de Almaceneros de Paraná, resumió con claridad: «Todos los índices nacionales marcan que el consumo cae. Nosotros somos esclavos del consumo». La frase define la vulnerabilidad estructural del sector: el almacén de barrio no puede reducir costos trasladándolos al cliente —porque el cliente ya no tiene más para dar—, no puede financiarse fácilmente —porque los bancos no prestan a pequeños comercios sin garantías—, y no puede cerrar sin endeudarse —porque cerrar significa hacerlo con deudas a proveedores, con el alquiler atrasado y con fiados impagos.
Lo que sí puede hacer —y está haciendo— es adaptarse. Vender por WhatsApp para reducir horas de local abierto. Eliminar empleados y trabajar solo con familia. Negociar con los mayoristas pago en cuotas para no inmovilizar capital. Rotar stock más rápido con menos variedad. Y seguir fiando, aunque cada vez con más cuidado y montos más acotados, porque los almacenes de barrio en el Chaco y el país saben algo que los índices macroeconómicos no capturan: que en el barrio popular, la única diferencia entre sobrevivir y no sobrevivir suele ser un vecino que confió y un comerciante que aguantó.
Sociedad
El Jardín de Infantes N° 197 «Miguel Ángel Tejedor» celebró su 15° aniversario
La institución celebró con alegría un nuevo aniversario, marcado por los aprendizajes y los vínculos construidos a lo largo de estos años.

¡Feliz aniversario, Jardín de Infantes N° 197 «Miguel Ángel Tejedor»! La institución celebró con mucha alegría sus 15 años, acompañando, enseñando y dejando huellas inolvidables en las primeras etapas de la vida de tantos niños y niñas de Charata.
Un nuevo aniversario para seguir creciendo
Desde la comunidad educativa expresaron el deseo de que este nuevo aniversario renueve los sueños, fortalezca los vínculos y siga llenando de aprendizajes y sonrisas cada jornada en el jardín. «¡Felices 15 años y que sean muchos más compartiendo, creciendo y construyendo juntos!», remarcaron al celebrar la fecha.
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El Hogar de niños de Charata celebró una fiesta de 15 años con el acompañamiento de la comunidad
El festejo fue posible gracias al trabajo del equipo del hogar y a la colaboración habitual de la comunidad.

En el Hogar de niños de Charata (ex ECA Charata) celebraron una fiesta de 15 años para una de las chicas del lugar. Acompañado de imágenes del festejo, el equipo de la institución compartió un mensaje sobre lo que representa esta celebración para quienes forman parte del hogar.
«Algunos verán aquí una simple decoración de 15 años, pero es mucho más que eso», expresaron desde la institución, al remarcar que se trata del amor del equipo del hogar y de la comunidad que siempre colabora para hacer posible que este tipo de celebraciones sucedan.
Una fiesta soñada
Desde el hogar destacaron que, gracias a ese acompañamiento, niñas que atravesaron situaciones de vulneración de derechos pueden tener su tan soñada fiesta de 15, en un gesto que buscó reconocer tanto el trabajo cotidiano del equipo de la institución como la solidaridad de quienes colaboran con el hogar en Charata.
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Secheep avanza con cortes de energía eléctrica por falta de pago en Charata
La funcionaria remarcó que la red de la zona se mantiene estable, con reclamos únicamente de tipo domiciliario.

La gerente de la Zona Sudoeste de Secheep, Alejandra Guerrero, habló sobre los cortes de energía eléctrica por falta de pago que se vienen realizando en Charata. La funcionaria explicó que la red de la zona se mantiene estable, con reclamos únicamente de carácter domiciliario, mientras el área se encuentra abocada al trabajo de cortes por falta de pago, tras vencerse el plazo que la empresa había fijado a principios de este mes.
Facturas de mayor consumo, entre las más afectadas
Guerrero indicó que existe bastante trabajo en relación con la morosidad, en particular vinculada a las facturas correspondientes a los meses de mayo, que registraron el consumo más alto del año en la facturación de la empresa. Según explicó, esas boletas concentran buena parte de los cortes que se están realizando actualmente por falta de pago.
Una reducción del consumo
La funcionaria también remarcó que se nota una reducción del consumo eléctrico entre los usuarios, lo que a su vez permite que más clientes se beneficien de los subsidios vigentes, teniendo en cuenta los topes de consumo establecidos para acceder a esas bonificaciones. Según indicó, esa reducción se refleja directamente en los importes de las facturas.
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