Sociedad
Carina Cáseres es la primera mujer presidente del Club Juventud Unida de Charata y fue recibida por el intendente Rach
La nueva conducción del club trabaja en el plano deportivo e institucional conteniendo a cientos de chicos de distintos barrios de Charata.

Carina Alejandra Cáseres se convirtió en la primera mujer presidente del Club Social y Deportivo Juventud Unida de Charata, tras ser elegida en asamblea por los socios de la institución. El hecho marca un hito en la historia del club y abre un nuevo capítulo para una entidad que ocupa un lugar central en la vida deportiva y social de la ciudad.
El jueves por la mañana, el intendente Rubén Rach y el presidente del Concejo Deliberante Alejandro Barcala recibieron a Cáseres en el municipio, en un gesto de respaldo institucional a la nueva conducción. La reunión sirvió para destacar el trabajo que vienen realizando los integrantes de la Comisión Directiva y los colaboradores del club, tanto en el plano deportivo como en el institucional, conteniendo a cientos de niños y jóvenes de distintos barrios de Charata.
El respaldo del municipio a las instituciones charatenses
El intendente Rach fue claro en su postura respecto al vínculo entre el municipio y los clubes de la ciudad. «Desde el Municipio seguimos apostando al trabajo en conjunto y al acompañamiento permanente, como lo hacemos con cada institución de nuestra ciudad, protagonistas siempre del crecimiento y el desarrollo de Charata», subrayó el jefe comunal.
El Juventud Unida es una de las instituciones deportivas con mayor arraigo en Charata. Su trabajo de base con la niñez y la juventud de distintos barrios lo convierte en un actor clave de la trama social de la ciudad, rol que la nueva conducción encabezada por Cáseres se propone sostener y profundizar.
El acceso de una mujer a la presidencia del club no es un dato menor en el contexto del deporte local: refleja un proceso de mayor participación femenina en los espacios de conducción institucional que viene consolidándose en distintos ámbitos de la vida pública charatense.
Sociedad
El Consorcio Caminero N°17 de Pampa Landriel trabaja contra el clima y los costos para mantener 168 kilómetros de caminos rurales antes de la cosecha de soja
Mabel Chaparro detalló que el municipio de General Pinedo aportará 1.000 litros de combustible y productores sumarán trabajo y recursos para sostener la red terciaria.

El Consorcio Caminero N°17 de Pampa Landriel tiene a su cargo el mantenimiento de 168 kilómetros de la red terciaria de caminos del Chaco, una extensión que cubre la zona de Pampa Landriel y llega hasta Puerta de León. Su presidenta, Mabel Chaparro, dialogó con CharataChaco.Net y trazó un panorama preciso de la situación: condiciones climáticas adversas, costos en alza y recursos que llegan pero no alcanzan, todo esto con la cosecha de soja asomando en el horizonte.
«Comenzamos o reanudamos, en lo que se puede, el trabajo en los caminos. Muy, muy poco lo que podemos hacer en estos momentos debido a las condiciones climáticas que afectaron la zona», explicó Chaparro. Si bien la zona no registró cortes masivos de caminos, la presidenta fue enfática: el terreno no permite avanzar con trabajos de fondo y cualquier precipitación adicional complicaría aún más el escenario. «Ojalá el tiempo nos dé un respiro. Si llueve mañana, como está pronosticado, va a ser sumamente complejo», advirtió.
El combustible, el costo que más aprieta
Entre los factores que más presionan la operación del consorcio, Chaparro destacó el precio del combustible como el principal condicionante. El gasoil es el insumo esencial e imprescindible para toda la maquinaria de mantenimiento, y su valor sigue en alza: la presidenta mencionó que se prevé un nuevo aumento en los próximos días, con impacto directo sobre los costos de cada trabajo en las rutas y caminos de la red terciaria.
«Los recursos que recibimos llegan con regularidad, pero terminan siendo insuficientes para poder afrontar todas las actividades que implica la reconstrucción en estos momentos», subrayó. La distinción que hizo Chaparro es relevante: no es lo mismo el mantenimiento de rutina que la reconstrucción de un camino dañado por las lluvias, y es precisamente eso lo que el consorcio enfrenta ahora, con un costo muy superior al de las tareas habituales.
General Pinedo y productores, aliados para sostener los caminos
Ante la insuficiencia de recursos propios, el Consorcio N°17 activó acuerdos con el municipio de General Pinedo —jurisdicción a la que pertenece Pampa Landriel— y con productores de la zona. El municipio aportará 1.000 litros de combustible, un alivio concreto que Chaparro agradeció de manera explícita. Los productores, por su parte, sumarán trabajo y combustible para encarar las tareas de corrección y reconstrucción de los caminos más afectados.
«Estamos tratando de establecer algunas sinergias con los municipios y con algunos productores también, con su colaboración y su aporte», explicó la presidenta, quien destacó que el municipio de General Pinedo participa de manera obligatoria en la comisión del consorcio y estuvo presente en la última asamblea.
La cosecha de soja, el reloj que apremia
El trasfondo de toda esta situación tiene nombre concreto: la cosecha de soja se aproxima y los caminos rurales deben estar en condiciones para sacar la producción. En el Departamento Chacabuco y en toda la zona de influencia del consorcio, los caminos de la red terciaria son la única vía de acceso para la maquinaria agrícola y los camiones que mueven el grano.
Chaparro también puso en perspectiva la situación regional: otros consorcios de la misma Zona 3 y de distintas zonas de la provincia atraviesan dificultades aún mayores, con caminos cortados e imposibilidad de ingresar con maquinaria. «A otros consorcios les ha afectado de una manera muy, muy desagradable», señaló, dejando en claro que el problema no es exclusivo de Pampa Landriel sino una realidad extendida en toda la red rural chaqueña.
El mensaje final de la presidenta del Consorcio N°17 fue de cautela y de esperanza en partes iguales: «Estamos rogando todos que nos dé el tiempo un respiro, que no llueva, y ahí podremos avanzar en mejorar todo lo que son los caminos de la red terciaria.»
Sociedad
Clima en Charata hoy viernes 1 de mayo, feriado: mañana lluviosa con 21°C y máxima de 28°C, con chances de tormentas por la tarde
El sábado 2 de mayo será la jornada más inestable, con tormentas y ráfagas; el domingo mejora con probabilidad de lluvia en cero y máxima de 21°C.

El clima en Charata hoy viernes 1 de mayo arranca con 21°C y cielo nublado, en una mañana que se presenta más tranquila de lo que anticipaban los pronósticos de ayer. La máxima del día llegará a 28°C y la probabilidad de lluvia se ubica en el 35%, con chances que aumentan hacia la tarde y la noche. No hay alertas del Servicio Meteorológico Nacional activas para el Departamento Chacabuco al cierre de esta edición.
Como informó CharataChaco.Net en la nota de clima del jueves 30 de abril, el fin de semana largo llegaba marcado por la inestabilidad. El feriado del Día del Trabajador confirma esa tendencia, aunque con condiciones algo más moderadas que las previstas para este viernes.
Datos del día Temperatura actual: 21°C | Máxima: 28°C | Condición: parcialmente nublado | Probabilidad de lluvia: 35% | Vientos: moderados según el SMN
Pronóstico para los próximos días en Charata y el Chaco
El sábado 2 de mayo será la jornada más exigente del fin de semana largo. La máxima no superará los 22°C y la probabilidad de precipitaciones llega al 25%, con tormentas previstas para distintas franjas del día y ráfagas que podrían alcanzar los 42 a 50 km/h. Es el día para tomar más precauciones si se planean actividades al aire libre en la región.
El domingo 3 de mayo trae el alivio esperado: probabilidad de lluvia en cero y máxima de 21°C, con condiciones estables para cerrar el feriado largo. Ya el lunes 4, con la actividad normal retomada, los termómetros suben hacia los 25°C con apenas un 20% de chances de lluvia. El martes 5 promete ser el día más cálido de la semana, con una máxima de 30°C y solo 10% de probabilidad de precipitaciones.
Para conocer el Clima en el Chaco y los registros históricos de la provincia, consultá la página del tiempo de CharataChaco.Net.
Sociedad
Curar el empacho en Charata: una curandera local explica cómo se tira el cuerito y cómo se cura con la cinta en la tradición del norte chaqueño
Dos técnicas de medicina popular vigentes en el norte del país: pellizcar la espalda hasta que suene y recitar palabras sobre una cinta que mide el cuerpo del enfermo.

En Charata, cuando el estómago no cierra, cuando un chico no quiere comer y se queja sin que el médico encuentre nada, muchas familias saben adónde ir. Curar el empacho es una práctica que se transmite de generación en generación en el norte chaqueño, y hay mujeres que la ejercen desde hace décadas con la misma convicción de siempre.
Una de ellas aceptó hablar con CharataChaco.Net. Prefirió no dar su nombre —»me conoce el que me tiene que conocer», dijo— pero aceptó que la llamemos la curandera. Desde su casa en Charata, con las manos curtidas y la voz tranquila, explicó los dos métodos que usa para curar el empacho: el del cuerito y el de la cinta.
Qué es el empacho y cómo se reconoce
Antes de hablar de la cura, la curandera fue clara en el diagnóstico. El empacho, en la tradición popular del norte, es algo que se siente antes de nombrarlo. «El chico no come, está decaído, tiene la panza hinchada, a veces un poco de fiebre. No está bien pero tampoco está muy mal. Eso es el empacho», describió. En adultos también aparece, aunque con menos frecuencia: pesadez, inapetencia, malestar general que no responde a los remedios de farmacia.
La creencia popular sostiene que el empacho ocurre cuando un alimento «se pega» en el estómago o en el intestino y no avanza. La medicina académica no reconoce el empacho como diagnóstico clínico, pero la práctica de curarlo es parte de la sociedad chaqueña y del norte del país desde mucho antes de que hubiera centros de salud en cada pueblo.
El cuerito: pellizcar la espalda hasta que suene
El primer método que describió la curandera es el más físico de los dos y probablemente el más conocido. Se trabaja sobre la espalda del enfermo, con los dedos, pellizcando la piel hasta que suene.
«Lo acostás boca abajo o lo ponés parado, como puedas. Empezás desde abajo de la espalda, tomás un poco de cuerito —la piel, nomás— y tirás. Tenés que ir subiendo, de a poco, siempre tirando. Cuando suena, ahí está el empacho. Ese es el lugar donde estaba pegado», explicó. El sonido —una especie de chasquido seco— es el indicador de que la zona estaba comprometida y de que el procedimiento está funcionando.
La curandera insistió en un detalle que considera clave: hay que hacerlo con fe y con paciencia. «No es agarrar y pellizcar fuerte a lo loco. Es suave, despacio, con ganas de curar. Si lo hacés apurado no sale nada.» El procedimiento se puede repetir en días consecutivos si el primero no alcanza.
La cinta: palabras, medida y misterio
El segundo método es más ritual y más hermético. La curandera usa una cinta —puede ser de tela, de las que se usan para coser— y mide al enfermo mientras recita unas palabras en voz baja. No quiso revelar qué dice: «eso no se dice, se aprende de quien te enseña y se guarda. Si lo contás, pierde».
Lo que sí explicó es el procedimiento visible. Se mide al enfermo de distintas maneras: el largo del cuerpo, la envergadura de los brazos, el contorno de la cabeza. La cinta registra esas medidas. Se repite la operación y, si hay empacho, las medidas no coinciden entre sí de la forma en que deberían. «El cuerpo no cierra bien cuando está empachado. La cinta te lo muestra», dijo.
El tratamiento con la cinta se hace durante varios días seguidos, generalmente tres o nueve, que son los números que la tradición considera válidos para este tipo de curas. Cada vez que la curandera mide, recita. Cada vez que recita, algo —según ella— se va acomodando.
Una práctica que resiste
La curandera no se presenta como alternativa a la medicina. «Si el chico tiene fiebre alta o está muy mal, al médico. Eso primero», aclaró sin que se lo preguntaran. Pero también fue directa en defensa de lo que hace: «El empacho existe. Lo he curado miles de veces. Yo no le cobro nada a nadie y la gente vuelve porque le fue bien.»
En Charata, como en buena parte del norte del país, curar el empacho sigue siendo una práctica vigente que convive con la medicina formal sin demasiadas fricciones. Las abuelas lo saben, las madres lo recuerdan y los chicos —tarde o temprano— terminan boca abajo en alguna cama mientras unas manos pacientes les tiran el cuerito de la espalda, despacio, esperando ese sonido que, según la tradición, indica que el mal ya tiene nombre y que la cura ya empezó.
CharataChaco.Net recuerda que las prácticas de medicina popular forman parte de la cultura e identidad del norte argentino, pero no reemplazan la consulta médica. Ante cualquier malestar persistente, especialmente en niños, siempre es recomendable visitar al médico o acudir al centro de salud más cercano.
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